La mitología como religión

Todas las religiones tienen algo de mítico en sus orígenes y fundamentan parte de su doctrina en esos mitos originales. Unos dioses, concebidos como hombre, fueron la causa del universo, otros representados los fenómenos de la naturaleza en cualquiera de sus formas y las virtudes y defectos de todos ellos, no eran más que la representación divina de los defectos y virtudes de los humanos.

Los dioses inmortales habitaban las inalcanzables moradas del Olimpo (monte sagrado), y desde allí se ocupaban, sin demasiado interés, del destino de los hombres y con mayor atención de sus propios asuntos y su destino.

Dioses y hombres vivían en caminos paralelos sin preocuparse unos de otros. La religión de los griegos fue la mitología. Y esto era una representación de todo lo que intersaba a los habitantes de la Hélade.

Zeus, imaginado como un ideal, como un modelo al que cualquier griego quisiera parecerse: poderoso, arrogante, temido, astuto y buen conquistador de corazones. Hera, su esposa, resultaba tan bella como celosa de su marido, a quien se veía obligado a perdonar tras su arrebatos de celos. Por otra parte, Hera representaba la tierra.

Las principales actividades económicas tuvieron sus divinidades. Deméter era la diosa de la agricultura y, como el vino y su comercio, llegaron a tener gran importancia, se asignó a Dionisios como dios de la bebida.

La importancia del mar fue grande para los griegos, por ello Poseidon fue uno de los principales dioses.

La guerra estaba representada por Ares y de los muertos se encargaba Hades, dios de los reinos de ultratumba. Afrodita fue diosa del amor. Apolo dios de las leyes y de la música. Cada arte tuvo su propia musa en cada una de las hijas de Zeus y la diosa Mnemonsine engendraron. La inteligencia y sabiduría representadas por la diosa Atenea, que había nacido de la cabeza de Zeus y que fue protectora de Atenas.

La importancia de las manufacturas metálicas hizo de Hefesto el dios herrero y cuando el comercio comenzó a desarrollarse, Hermes, que era el mensajero de los dioses, pasó a ser también el protector de los negocios.

Nada quedó sin representar por una divinidad. Las relaciones entre unos dioses y otros fueron tan complejas y variadas como las historias que ellos se contaban. En muchas ocasiones, los dioses se confunden entre sí; resulta imposible establecer una genealogía del panteón divino y, con frecuencia, un mismo suceso tiene varias versiones distintas con distintos protagonistas, haciendo de la mitología un auténtico entramado que explica todo sin poder explicarse a sí misma.

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