El ámbito geográfico de la antigua Grecia fue complejo y en poco se parece al que ocupa ese país en la actualidad. Los helenos (el término "griego" es de época romana) ocuparon inicialmente la península del Peloponeso, el estrecho de Corintio, la zona oriental de la Grecia Continental y un buen número de islas del Mar Egeo.
Esa zona es la que puede denominarse estrictamente la Hélade; pero la temprana expansión colonial de los griegos hizo que éstos extendieran su influencia cultural a muchos puntos del área Mediterránea. Así se ocuparon las costas e islas de todo el Mar Egeo, el sur de Italia y Sicilia (la llamada "Magna Grecia"), toda la costa del Mar Negro, la costa este del Mar Jónico, la costa sureste del Adríatico ( la actual Albania), la costa sur de Asia menor, el Delta del Nilo, la costa africana de la Cirenaica (en la Libia actual) y algunos puntos del sur de Francia y del levante de España.
Los establecimientos griegos asentados en esta zona estuvieron generalmente vinculados a las ciudades de la Hélade de las que habían partido las expediciones de expansión. Ese contacto mantenido con la metrópolis es el que explica la unidad cultural del mundo griego.
En este vasto panorama geográfico hubo una ciudad, Atenas, que desde los primeros tiempos ejercío un notable influencia como foco cultural de primer orden.
Esta extendida ocupación de territorios fue posible, en parte, al sistema de organización política. Durante casi toda la historia de Grecia, el poder estuvo muy fraccionado entre las llamadas polis o ciudades-estado; esta circunstancia hizo que cualquier polis pudiera organizar su propia campaña de expansión, resultando así ésta enormemente dispersa.