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En sus orígenes la música griega estuvo sujeta a influencias exteriores. La temprana relación con Creta y con Asia Menor puso a los griegos en contacto con las tradiciones musicales de Egipto y Mesopotamia y es muy posible que, de estas culturas, llegaran a Grecia tanto instrumentos como sencillas melodías. No obstante, la fuerte personalidad de los habitantes de la Hélade, pronto adaptó estas influencias a su propio mundo cultural y a sus propias necesidades. Así, la música estuvo estrechamente relacionada con todos los mitos que configuraron las creencias religiosas de los griegos. Cada instrumento musical estuvo directamente relacionado con un dios: el "aulos" (variante de la flauta) estaba vinculado a la adoración de Dionisios, la lira al culto de Hermes, la trompeta relacionada con la diosa Atenea, etc.
Así mismo, pronto se utilizó la música para acompañar el recitado de los poemas épicos. La Iliada y La Odisea era, en cierto sentido, un compendio de la cultura de la época y ésta era transmitida oralmente por los "bardos", auténticos profeisonales del recitado acompañamiento musical. Eran empleados de las familias de la aristocracia y se acompañaban de la lira; también se encargaban de acompañar con la cítara a los coros populares que cantaban en las ceremonias de culto y en las procesiones en favor de los dioses o, simplemente, en actos como funerales, fiestas nupciales o entrega de premios a atletas victoriosos. En general la música estuvo muy vinculada a la poesía y, con frecuencia, las figuras de músico y poeta se confundían en una misma persona.